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SIN NOMBRE

Jovenes y Conflicto

 

Los Buenos Sacerdotes a las Afueras del Templo

Una aproximación alternativa a la praxis libertaria desde la teoría sistémica y elementos del postestructuralismo  

A primera vista, el uso de una metáfora bíblica para el análisis de prácticas libertarias, de ruptura con el capitalismo como modo de producción y forma de organización social, podría parecer contradictorio. Sin embargo, algunas de estas prácticas de ruptura con el sistema hegemónico han dejado de ser verdaderas fuentes de presión, y se han convertido en formas de acción que, definidas a partir de una negación, se constituyen en hábitos fácilmente funcionalizables por el sistema. Y aún así, se han caído en formas puristas de pensamiento y de praxis, en donde quienes ejercen estas acciones libertarias se alzan como sacerdotes, en las escaleras de un gran templo, ufanándose de cuán rectos, puros y, en este caso, libertarios y anticapitalistas son. 

Por ese motivo, creemos necesario hacer una revisión de la forma en la que las prácticas libertarias entran en relación con el sistema al que, en un principio, pretenden desestabilizar. Buscamos hacer una aproximación a una forma de construcción libertaria alternativa, con miras a abandonar acciones que, lejos de constituir una amenaza al sistema, devienen prácticas controlables, definidas a través de lógicas del funcionamiento capitalista.

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Consideraciones sobre el Antiautoritarismo

SinNombre – Investigación y Difusión Libertaria                                                                 Red Libertaria Popular Mateo Kramer

I. Autoritarismo

Hacer una definición sobre el antiautoritarismo supone, en un primer momento, hacer una delimitación precisa de lo que es el autoritarismo. Ante todo, éste debe ser reconocido en el marco de relaciones sociales. Sólo mientras se establecen sujetxs y formas de relación alrededor de una autoridad, se puede hablar de autoritarismo.

En ese sentido, el autoritarismo es un determinante de las relaciones sociales, configurado a partir del ejercicio de una autoridad como un poder vertical desde una cabeza visible. Esta cabeza se define, a su vez, como un constructo social, en el que se incorporan todas las caracterizaciones y las posiciones de sujetx que permiten la identificación de actorxs sociales particulares como una autoridad. En ella se monopoliza el poder de decisión política, y se establecen formas de ejercicio del poder simbólico.

La identificación de una autoridad, entonces, supone que posiciones de sujetx específicas converjan en un reconocimiento, explícito o tácito, de una autoridad como una fuerza superior en dimensiones culturales, políticas y sociales. Incluso, si la autoridad está limitada únicamente por el alcance de su fuerza y sus decisiones, ésta es la determinante de la vida y la muerte de lxs sujetxs por debajo de ella.

En lo que se refiere a la decisión política, la autoridad se constituye como un poder soberano, soportando sus acciones sobre el reconocimiento otorgado previamente. La decisión es acción inmediata, instantánea, que reacomoda las posiciones de sujetx de acuerdo a el interés específico de la autoridad.

Poder simbólico

Posiblemente, este ejercicio del poder simbólico es el rasgo más significativo del autoritarismo, en tres vías principales: en primer lugar, porque supone la construcción de un discurso monolítico que se convierte en hegemónico, reconfigurando las interpretaciones de la vida social a partir de lógicas totalizantes y normalizantes. En otras palabras, las relaciones más básicas de lxs sujetxs son puestas bajo una nueva luz, y son regularizadas de acuerdo a intereses específicos derivados de la producción discursiva autoritaria.

En segundo lugar, esta producción de discurso es, al mismo tiempo, un uso autoritario del lenguaje como herramienta de exclusión. La capacidad de producir discurso y, en últimas, la capacidad de entrar en la comunidad del lenguaje, brinda a la autoridad un poder de decisión más allá de la decisión política. Se llega a determinar la condición de ser de lxs sujetxs a partir de su pertenencia o no pertenencia a una comunidad delimitada alrededor de producciones discursivas y simbólicas específicas, claramente direccionadas, y con una pretensión totalizadora. Quienes no estén en capacidad de establecer sus relaciones sociales en estos términos, y sobre todo quienes no quieran hacerlo, son excluidxs de esta comunidad simbólica, pues sólo son productorxs de ruido.

En tercer lugar, el ejercicio de poder simbólico permite que la autoridad se reafirme en términos políticos, al ser el eje alrededor del cual se centraliza el miedo. La producción discursiva y simbólica siempre va a girar alrededor de un miedo o una amenaza, frente a la cual la autoridad se constituye como única alternativa. En ese sentido, al eliminar las demás fuentes de incertidumbre, la autoridad se erige como la única fuente que puede ejercer el miedo, y esto lo hace a través de una amenaza permanente, sistemática y siempre latente del uso de la fuerza sobre lxs sujetxs cobijados bajo la decisión autoritaria.

Sin embargo, el uso de la fuerza supone un problema en términos tanto de la legitimidad como de la efectividad de la autoridad, pues el ejercicio práctico de la violencia hace que todas las construcciones simbólicas articuladas alrededor de la autoridad se vengan abajo. Toda forma de ejercicio de poder simbólico es más efectiva en cuanto menos tenga que recurrir al uso de la violencia. Por supuesto, esto no excluye la amenaza constante y latente, pero la transformación de esta amenaza en hecho convierte al poder simbólico en mera coerción, perdiendo, de esa forma, el reconocimiento previo que lxs sujetxs habían efectuado y acabando con la autoridad como constructo social.

   

PEFIL SIN NOMBRE

Sin Nombre (Grupo de difusión e investigación libertaria)

sinnombreinvestigacion@yahoo.com

El saber debe ser entendido como un proceso natural e inherente a la interacción de los individuos. Por ello mismo y comprendiendo los pilares de la autogestión, observamos la emergencia de modos alternativos de aprendizaje y difusión colectiva, en el que confluyen los sectores populares hacia una nueva construcción radical de lo social. En términos políticos, consideramos necesario poner en práctica dinámicas contraculturales de conocimiento, que se generen a partir del aprendizaje individual, para que a su vez, por medio del debate y la difusión, se consoliden elementos teóricos no convencionales y se planteen nuevas alternativas y conceptos específicos a problemáticas socio-políticas relacionadas con éstos.

Con miras a generar procesos verdaderamente radicales a nivel contracultural, se deben construir formas que combinen el debate académico, la difusión, y la producción de discursos a nivel cultural cotidiano. Para propiciar verdaderos rompimientos del proyecto hegemónico al que asistimos, se debe actuar tanto en ámbitos de discusión y construcción académica, como el en nivel de la cultura política más básica.

Ante las dinámicas propias de un mundo globalizado, el poder popular se alcanza sólo a través de la difusión de saberes alternativos que propicien la reflexión y el subsecuente planteamiento de formas de comprensión y de organización política y social contra-hegemónicas.

Sin Nombre se reconoce a sí mismo como un colectivo de investigación, que a partir de espacios amplios de debate, se propone crear saberes alternativos dirigidos a estas formas de construcción política y social que buscan romper con el orden establecido. En ese sentido, como primera fase se busca construir este tipo de espacios dentro de círculos académicos y los demás espacios sociales vinculados a ellos.

Son precisamente los círculos académicos el contexto que determina el marco de acción de Sin Nombre y que desde allí nace la discusión y son los mismos los que articularán y articulan procesos en otros espacios sociales que puedan contribuir a nuestra labor de difusión. 

A través de este trabajo de investigación, pretendemos generar formas de empoderamiento de la realidad, que deriven en la construcción dinámica de nuevos imaginarios y de nuevos valores con respecto al papel de lo popular y a la entrada en escena de discursos alternativos sobre lo social y, en últimas, de nuevas relaciones sociales que correspondan a estos cambios.