La vida de Mateo por el mismo
“REGRESE A LATINOAMERICA PARA QUEDARME”
En la entrevista concluida pocos días antes de su trágico fallecimiento, Matthieu Cramer relató su historia personal, marcada definitivamente por su identificación latinoamericana.
“Cuando terminé mis estudios secundarios en Ginebra, Suiza, intrigado por los numerosos relatos de los viajes de mis padres, organicé mi propio viaje para atravesar las Américas. Lo inicié en Montreal, Canadá, para descubrir el lugar donde había nacido en julio de 1975 y donde había pasado mis primeros cuatro años de vida. En esa ciudad se habían instalado mis padres poco tiempo después de su casamiento…
Desde Canadá comencé a bajar hasta la frontera mexicana, para descubrir Latinoamérica, su lengua que no conocía, sus historias y luchas que ignoraba. Tenía 19 años al inicio de 1995 y seguí rumbo al sur, solo, con un mapa, mi mochila, mi ingenuidad y sin ninguna guía turística.
Este viaje duró 11 meses hasta Santiago de Chile. Me marcaron en ese momento, sobremanera, tres países. Nicaragua, donde me encontré con jóvenes de la Juventud Sandinista que tenían muchísimas ganas de contarme un siglo de resistencias, guerras y revolución. Colombia, país teóricamente peligroso, donde, sin embargo, me recibieron en todas partes y donde no tuve que pagar ni una sola noche de hotel. Chile, por haber descubierto allí, sus luchas, dictaduras y resistencia al son de Intillimaní y Víctor Jara.
Al terminar el viaje, regresé a Ginebra –donde estaba instalada mi familia desde hacía años- para estudiar Matemáticas con un deseo claro: regresar a América Latina pero no como turista, sino para vivir aquí para siempre. Dos años más tarde, tomaba un vuelo hacia Bogotá, para continuar mis estudios universitarios.
Después de graduarme en la Universidad Nacional de Colombia, unos compañeros campesinos e indígenas con quienes había estudiado cuatro años, me propusieron acompañarlos a su región de origen, en el municipio de Inzá, al oriente del Departamento del Cauca, el suroccidente colombiano. Allí encontré un puesto como maestro en un pequeño colegio de una zona rural.
En paralelo, comenzamos a acompañar a las Asociación Campesina de Inzá Tierradentro (ACIT). Esta asociación fue creciendo rápido al son de asambleas y movilizaciones en un ejercicio permanente de planificación colectiva.
Al llegar a la coyuntura electoral, en una asamblea comunitaria -julio 2003- se propuso lanzar un socio a la alcaldía y por primera vez en la historia, después de una dura campaña, ganó la administración municipal un movimiento de base con el aval de un partido de izquierda, el naciente Polo Democrático.
Luego me tocó salir del país. Y regresé en noviembre 2006 con una propuesta de trabajo entre la ONG suiza de cooperación solidaria E-CHANGER y la ACIT.
Es así que me encuentro ahora acompañando nuevamente a la asociación en sus tareas cotidianas”.







